dimecres 8 de maig de 2013

Catherine

    
Me veo mirando a través de una ventana que da al jardín. La mañana es fría, plomiza, neblinosa. Tía Holly anda inquieta desde hace rato. Tardan demasiado..., a ver si les ha pasado algo..., ya deberían estar aquí. Por fin, el runrún se acerca cauteloso, con los faros encendidos. El Austin negro avanza despacio y aminora la marcha hasta detenerse ante la verja. Una señora muy guapa y muy elegante y un señor calvo con bigote aparecen ante mis ojos. Mis tías y mi madre salen al jardín y besan y abrazan a los recién llegados. Ahora entran todos en la casa y la señora me mira sonriente, se agacha y me coge entre sus brazos. Huele como huelen las hadas y su abrigo negro es cálido y muy suave. Mamá me dice que la señora rubia, porque es muy rubia, se llama Catherine. Recuerdo que me besaba y me decía cosas en gaélico que me hacían reir.
Durante mucho tiempo, cuando en casa se hablaba de Catherine yo la evocaba como la había visto aquella mañana de invierno, alta, rubia, muy guapa, bien vestida, sin que el paso del tiempo alterase aquella imagen ideal. Aún hoy, al recordarla, se me hace presente con su aire de actriz de cine, eternamente joven y bella, inmortalizada ya para siempre en la película de mi memoria. Catherine avanzando sonriente hacia la casa, mientras el vaho de su aliento se disipaba en el aire. Catherine pisando la grava del jardín con sus zapatos de charol y tacón de aguja. Catherine regañando a aquel señor que la acompañaba, el simpático Mr. Collins, entre las risas de todos. Catherine iluminada por todas las luces del comedor mientras abría unos paquetes con regalos. Catherine quitándose los guantes de piel para arreglarse el flequillo rebelde. Así es como la recuerdo. Su presencia en mis años pequeños es de un constante ir y venir. Estuvo en casa varias veces.


Un día de invierno llegó sola, casi al anochecer. Tía Holly jugaba conmigo mientras sonaban las canciones en el viejo aparato de radio. Sonó el timbre de la puerta, salió a abrir la tía y apareció Catherine. Traía un bolso y una maleta pequeña. Acudió mi madre. Pasaron todos al salón pequeño, el de la caja de música. Yo seguía en el comedor, con mis lápices y mis dibujos. Al cabo de un rato salieron. Catherine tenía los ojos colorados e hinchados, de haber llorado. Mi madre decía que no te preocupes, que ya verás como todo se arregla, mientras tía Holly la abrazaba. Mi padre, aparte, observaba sin decir nada.
Catherine estuvo un par de días en casa. Una mañana de lluvia papá la acompañó a la estación. Al verlos alejarse por el camino, cogidos del brazo bajo la intimidad confidente del paraguas, pensé que parecían otras personas, dos desconocidos, dos amantes que sufrían por un amor desgraciado e imposible.
 Mis padres me dijeron que Catherine era medio familia nuestra. Durante la guerra y la primera posguerra los míos la ayudaron a ella y a su madre, que era viuda, a salir adelante. Catherine se casó con Mr. Collins, aquel señor calvo con bigote.
Y nunca más regresó a Waterbridge.



dimecres 1 de maig de 2013

Flam de caramel i canyella 0,0


Si avui és dia 1 de maig vol dir que l'estiu arriba d'aquí a només 51 dies. Visca! Sembla que no i ja el tenim aquí a la cantonada. I tots sabem què vol dir l'arribada de l'estiu, oi? Dies més llargs, relaxats, solet i...platjeta! Aquesta mena d'anticipació de les vacances es nota a Waterbridge, sobretot, per la quantitat de persones que sobtadament et trobes fent footing pels camins de Chalkwood. Homes del poble que fan tot els possible per rebaixar les panxetes que les visites als pubs locals durant els mesos d'hivern han anat construint cervesa a cervesa i dones amb xandalls nous de trinca i sabatilles esportives que encara fan olor a goma nova que surten en grupets de tres o quatre. Sí, l'operació "biquini" també s'inicia als països amb clima més fred, com podeu veure.

Des d'Alfriston Cottage volem aportar el nostre granet de sorra a aquesta lluita contra els grams de més i per aquest motiu anirem publicant més receptes 0,0 a part del ja famós Mousse de xocolata o els pastissos de formatge i préssec que ja teniu al blog. Per començar, aquestes delicioses postres facilíssimes de preparar i amb un resultat espectacular. Dolç sense sentiment de culpa, què més es pot demanar?


Flam de Caramel i Canyella 0,0
(10 flams petits)

500ml de llet desnatada
5 Caramels de nata i toffee sense sucre
1/2 branqueta de canyella
10gr de gelatina en pols o 6 làmines de gelatina
175gr de formatge d'untar light (tipus Philadelphia)
1 cullerada d'edulcorant liquid
1 pessic de sal

1.- Posar la llet en un cassó al foc juntament amb la canyella i els 5 caramels i anar removent amb unes varilles manuals per evitar que aquests s'enganxin al fons. Un cops s'hagin desfet els caramels i la llet arrenqui el bull retirar el cassó del foc.
2.- Posar la gelatina a hidratar uns 5 minuts en aigua freda.
3.- Colar la llet amb un colador de malla fina per evitar que hi hagi restes de tel o de la branqueta de canyella.
4.- Escórrer bé la gelatina i afegir-la al cassó de la llet. Remenar bé per a que la gelatina es dissolgui completament amb la pròpia escalfor de la llet.
5.- Afegir el formatge d'untar a la mescla anterior i remenar bé amb les varilles manuales (o elèctriques) fins aconseguir que no hi quedin grumolls.
6.- Condimentar amb un pessic de sal i una cullerada d'edulcorant liquid.
7.- Repartir la mescla en diferents motlles de magdalena o similar de silicona que prèviament haurem col·locat sobre una safata per poder transportar cap a la nevera sense que se'ns vessin pel camí.
8.- Deixar sobre el marbre de la cuina fins que la mescla s'hagi refredat completament i després posar a la nevera unes 4 hores fins que quallin.

Aquest flam està deliciós per menjar sol o acompanyat per una miqueta de canyella en pols o per una cullerada ben farcida de melmelada sense sucre. Sigui com sigui és un caprici que ens podem donar totes les vegades que ens vingui de gust sense haver d'amoïnar-nos per les calories. Us animeu a provar-lo?

diumenge 21 d’abril de 2013

Las medias verdades

     

     Nunca quisieron explicarte qué ocurrió con aquel noviete de tia Feli, un guapo anarquista que amaneció asesinado en la playa. Todos daban por hecho que habían sido sus propios compañeros, pero la cosa nunca se aclaró. Alguna vez, eso sí, te mascullaron entre dientes algo sobre un ajuste de cuentas por unos celos podridos de un antiguo novio de tu tía. También te contaron que la Feli lo había matado porque la quería abandonar, y eso no. Así que se lo cargó una tarde con un viejo pistolón del abuelo. Ese pistolón que, por cierto, buscaron en los registros una y otra vez y que la abuela se encondía en la faja, en donde nadie se atrevía a meter el hocico. Pero volviendo al infeliz, lo encontraron  muerto con un tiro en la espalda, alto y rubio como en la copla, con los ojos abiertos y azules en espera de un amanecer que para él nunca llegó.
     Tú, sin embargo, como en los melodramas de la Metro, lo enviaste a cruzar la frontera en busca de otros amaneceres y lo hacías en Francia, sacrificándose por la libertad, luchando con la Resistencia. O lo veías feliz y casado con una robusta campesina francesa, rodeado de hijos. Y te lo imaginabas treinta años después, regresando, cruzando de nuevo la frontera para reencontrase con aquel viejo amor de juventud. ¿Qué podían decirse dos viejos amantes después de tanto tiempo? Poco. O nada. A lo sumo se leerían en el mapa de sus arrugas la historia de lo que no fue porque así lo quiso el cochino destino. Se emocionarían, seguro. Llorarían, un poco. Se preguntarían por los amigos, por la familia. Recordarían algún momento, un gesto, una esquina, aquella calle, un perfume, ¿recuerdas? Y luego él se marcharía, ya para siempre, poniendo el lazo triste a aquella historia. En el momento del adiós se volvería para mirar por última vez a aquella mujer agrietada por el desamor, trabajada por el trabajo y por el no esperar nada de la vida, día a día, todos los día de su vida hasta su muerte. No quedaba ya nada que decirse, tan sólo mirarse a los ojos en una caricia final de despedida. ¿Para qué preguntar por qué no escribiste en todos estos años? Ni una sola vez, ni una sola palabra, nada... Yo te habría seguido. ¿Estás segura? Demasiado tarde para preguntas que ya no esperaban respuestas. Y demasiado rencor por aquella maldita guerra que les arrebató a ambos una vida entera.
     Un guapo anarquista amaneció muerto en la playa. Dijeron que Durruti había venido al entierro y que había tanta, tanta gente que los guardias de asalto se tuvieron que marchar acojonados.

diumenge 14 d’abril de 2013

Magdalenes de xocolata amb un toc de taronja


En aquesta entrada no us explicaré res més que la recepta. Així, directament. Aquestes magdalenes estan tan i tan bones que es mereixen que els hi dediquem tota l'atenció. He preparat moltes magdalenes de xocolata però mai, mai, mai n'havia tastat unes de tan bones. Us ho dic de veritat, si sou addictes a la xocolata les heu de provar...i si no ho sou també! A més, són facilíssimes de fer pel que, de veritat, que no hi ha excusa possible per no preparar-les i gaudir al màxim del seu sabor intens a xocolata i el seu aroma a taronja. Esteu a punt?

Magdalenes de xocolata amb un toc de taronja
(12 magdalenes)

80gr de iogurt natural
60ml de suc de taronja natural
La pela ratllada d'una taronja
2 ous
32gr de sucre vainillat
100gr de sucre
220gr de farina
2 culleradetes de llevat químic (tipus Royal)
40gr de cacau en pols
60gr de xocolata negra trinxada a trossets petits
50gr de mantega fosa i deixada refredar


1.- Preescalfar el forn a 175ºC.
2.- Mesclar en un bol tots els ingredients humits: el iogurt, el suc de taronja, la pela de taronja, els ous i la mantega fosa. Barrejar bé amb les varilles elèctriques.
3.- En un altre bol barrejar tots els ingredients secs: la farina, els dos tipus de sucre, el llevat, el cacau en pols i la xocolata trossejada. Remenar bé amb unes varilles manuals.
4.- Incorporar els ingredients secs en tres vegades al bol dels ingredients humits i mesclar bé amb l'ajuda de les varilles elèctriques.
5.- Preparar un motlle de 12 magdalenes amb els seus respectius paperets (o motlles de silicona) i repartir la mescla uniformement.
6.- Enfornar durant 25 minuts. Comprovar amb un escuradents que estan ben cuites, retirar del forn i deixar refredar sobre una reixeta.

Feu-me cas i prepareu-les, de veritat. I un cop ho hagueu fet veniu a visitar-nos i expliqueu-nos què us han semblat. Podríem fundar el club dels amants de les magdalenes de xocolata amb un toc de taronja!
Ah! I a la propera entrada us explicarem un conte!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...